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Un nuevo 'paraguas nuclear' surge en el golfo Pérsico a medida que se diluye la confianza en EE.UU.

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Arabia Saudita y Pakistán firmaron el año pasado un acuerdo estratégico de defensa mutua.
Un nuevo 'paraguas nuclear' surge en el golfo Pérsico a medida que se diluye la confianza en EE.UU.

El rápido deterioro de la seguridad en Oriente Medio está llevando a Arabia Saudita a replantearse su estrategia de defensa ante la falta de garantías fiables de Estados Unidos. En este nuevo entorno, Pakistán emerge como un socio clave, opina Farhad Ibragimov, analista político especializado en Oriente Medio y el espacio postsoviético.

El primer 'paraguas nuclear' en el mundo islámico

El Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua (SMDA, por sus siglas en inglés) entre Riad e Islamabad fue firmado en septiembre de 2025. Lo suscribieron el príncipe heredero saudita, Mohammed bin Salman, y el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif. Es uno de los pactos más relevantes entre ambas naciones en las últimas décadas.

Su disposición central establece que la agresión contra un Estado será considerada automáticamente como agresión contra ambos. La fórmula recuerda a los principios de los tratados clásicos de seguridad colectiva y formaliza una alianza entre los dos países. Sin embargo, la redacción intencionadamente vaga sobre los mecanismos concretos de respuesta permite a las partes una amplia maniobrabilidad política. Esta práctica es habitual en acuerdos diplomáticos.

El verdadero valor del acuerdo radica en el contexto en que se concluyó y, según fuentes pakistaníes, en su potencial. Islamabad posee un arsenal estimado de entre 150 y 160 cabezas nucleares, así como un sistema de lanzamiento de misiles nucleares bien desarrollado, incluidos misiles de corto y mediano alcance. El pacto permite considerar legalmente las capacidades nucleares de Pakistán en la defensa de Arabia Saudita. Crea así el primer 'paraguas nuclear' en el mundo islámico, fundado no en garantías occidentales, sino en la solidaridad musulmana reforzada por intereses estratégicos compartidos.

¿Qué implica el SMDA? 

Las implicaciones prácticas del acuerdo son claras. Para Riad, la principal fuente de preocupación existencial es Irán, de mayoría chiíta, que compite por la dominación regional y dispone de una extensa red de fuerzas afines en todo Oriente Medio. Estados Unidos actúa como contrapeso militar a Teherán, pero la Administración Trump ha mostrado claramente los límites de su fiabilidad. El apoyo tácito de Washington a los ataques israelíes en Catar en septiembre pasado reveló su disposición a sacrificar los intereses de sus aliados regionales por su propia agenda, un precedente que no pasó desapercibido en Riad.

Hoy, en medio de un conflicto militar directo entre Estados Unidos e Irán —y pese al frágil alto el fuego, que podría romperse en cualquier momento—, la situación se ha vuelto aún más tensa. Desde el 28 de febrero, los ataques estadounidenses contra Irán no han logrado resultados sustanciales, y si el presidente Donald Trump no consigue someterlo, Teherán podría salir de la crisis significativamente fortalecido y adquirir el estatus de potencia regional invicta. Eso significaría que Arabia Saudita tendría como vecino a un adversario formidable con una posición geopolítica más sólida que nunca. Este escenario obliga a Riad a tomarse en serio su alianza con Pakistán. Mientras Washington libra guerras, Riad busca asegurar su propia seguridad.

Además, otra amenaza empieza a cobrar forma. Bajo el primer ministro Benjamín Netanyahu, Israel ha recurrido sistemáticamente a la fuerza y ha podido salirse con la suya. La única nación que ha confrontado a Israel es Irán, pero las probabilidades están en contra de Teherán: ahora se enfrenta no solo a Tel Aviv, sino a una alianza plena entre Estados Unidos y el Estado hebreo. Arabia Saudita se encuentra en una posición particularmente precaria, atrapada entre un Israel agresivo y un Irán ambicioso. A diferencia de Teherán, carece tanto de la capacidad militar como de voluntad política para una resistencia independiente.

Esa vulnerabilidad convierte la alianza con Pakistán en algo más que un gesto diplomático: es una cuestión de supervivencia. Lograr la paridad estratégica con un actor así por medios militares tradicionales es poco realista. De ahí la lógica del 'paraguas nuclear' pakistaní como herramienta para restablecer un equilibrio disuasorio.

Ambas partes quieren dejar claro a toda la región que la función principal del SMDA no es tanto crear un mecanismo para una respuesta militar automática, sino establecer una señal de disuasión creíble: cualquier escalada contra Riad tendrá repercusiones que irán más allá de las relaciones bilaterales saudí-pakistaníes. En ese sentido, el acuerdo cumple un papel estabilizador, no desestabilizador. Al menos así lo ven ambas naciones firmantes.

¿Cómo Arabia Saudita y Pakistán construyen su propia arquitectura de seguridad?

Desde la perspectiva de Islamabad y Riad, el SMDA es estrictamente un acuerdo defensivo forjado por dos Estados soberanos en pleno respeto al derecho internacional. Además, se inscribe en la lógica más amplia de un orden mundial multipolar: dos potencias regionales no occidentales construyen su propia arquitectura de seguridad al margen de las alianzas tradicionales occidentales, sin pedir permiso ni aprobación de Washington o Bruselas.

En escencia, el SMDA formaliza legalmente una alianza de defensa que lleva más de 60 años vigente. Personal militar pakistaní ha estado presente en territorio saudita desde 1967, protegiendo las fronteras del país árabe, y decenas de miles de soldados sauditas se han entrenado en centros de formación pakistaníes. Dicho de otro modo, la infraestructura operativa e institucional para la cooperación se estableció mucho antes de septiembre de 2025. El acuerdo proporciona la base legal necesaria y le otorga una dimensión pública. Ambas partes enfatizan en que el pacto es el resultado de muchos años de diálogo, no está dirigido contra ningún Estado específico ni responde a un solo evento. Se alinea así con la lógica de la planificación estratégica a largo plazo, no con medidas reactivas.

Los acontecimientos recientes indican que el SMDA ya está operativo. A mediados de abril, el Ministerio de Defensa saudita anunció oficialmente la llegada de un contingente militar pakistaní a la Base Aérea Rey Abdul Aziz. Según medios de comunicación de Oriente Medio, este despliegue forma parte de la implementación inmediata del acuerdo de defensa estratégica. Las fuerzas desplegadas incluyen pilotos de la Fuerza Aérea de Pakistán y aeronaves de apoyo. El Ejército saudita describió la medida como un paso para mejorar la preparación conjunta de combate y mantener la estabilidad regional. En otras palabras, el acuerdo ya está en vigor, aunque por ahora sirva para mostrar potencial militar.

¿Qué ocurriría en caso de ataques contra Arabia Saudita?

Esto plantea una pregunta importante: ¿qué probabilidades hay de que se active por completo las disposiciones del SMDA si alguien ataca Arabia Saudita? En marzo, el ministro de Relaciones Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, recordó públicamente a Teherán sobre el acuerdo. Sin embargo, existe un abismo entre las señales demostrativas y una implicación militar real.

El problema clave es que, desde un punto de vista fáctico y legal, el agresor en este conflicto es Estados Unidos, no Irán. Teherán solo responde a los ataques estadounidenses. Si los papeles estuvieran invertidos e Irán hubiera iniciado repentinamente ataques en territorio saudita, los fundamentos legales y políticos para invocar el SMDA serían claros e indiscutibles. Pero en el contexto actual, declarar la guerra a Irán equivaldría a unirse a la alianza militar estadounidense-israelí, lo que contradice la neutralidad declarada por Islamabad y su posición como actor independiente en el mundo islámico.

A pesar de la gravedad de la situación, la amenaza no es tan alta como para requerir la intervención militar directa de Pakistán. Las capacidades defensivas de Arabia Saudita funcionan: sus sistemas antimisiles están operativos, y Riad no ha solicitado oficialmente el despliegue de fuerzas pakistaníes con fines de combate. Además, tras los sucesos de mayo de 2025, las Fuerzas Armadas de Pakistán permanecen en alerta máxima en la frontera oriental y no pueden utilizar esas tropas en conflictos externos. Así pues, en las circunstancias actuales, el SMDA sigue cumpliendo su función principal, que es la disuasión.

No obstante, sería un error interpretar la presencia militar de pakistaní en Arabia Saudita y los recordatorios públicos sobre el SMDA como señales de que Islamabad está dispuesto a una confrontación armada directa con Irán. Pakistán busca evitar un enfrentamiento directo, y parece que Arabia Saudita tampoco lo espera.

La situación se complica aún más porque Pakistán actualmente sirve como el único canal viable para la mediación entre Irán y Estados Unidos. En medio del conflicto militar que enfrenta a ambos países, Islamabad mantiene relaciones de trabajo con ambas partes. 

Por último, Pakistán está aprovechando la crisis actual para aumentar su influencia regional en Medio Oriente, mostrando disposición a actuar sin comprometerse realmente con acciones militares. Esta política de 'presencia sin implicación' le permite defender sus intereses sin perder capacidad de maniobra. Al final, es esa postura, más que el compromiso militar, la que asegura a Pakistán el reconocimiento de todas las partes del conflicto y eleva claramente su relevancia geopolítica.

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