En Venezuela, la educación musical gratuita ha transformado la vida de más de 1.200.000 niños y adolescentes. El Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela es un programa que surgió hace 50 años con la visión del maestro José Antonio Abreu, quien soñaba con crear orquestas en cada estado del país. El propósito principal no es solo formar músicos sino también ciudadanos íntegros, utilizando la música como herramienta de inclusión social.
Un récord mundial
En 2021, Venezuela hizo historia al reunir a 12.000 músicos para interpretar la 'Marcha eslava' de Chaikovski, logrando así el récord Guinness por tener la orquesta más grande del mundo. Este evento es solo una muestra del impacto que ha tenido El Sistema en la cultura musical del país.
Ana Cecilia Abreu, hermana del maestro Abreu, cuenta cómo surgió la idea de crear orquestas de niños y jóvenes en todo el país. A pesar de las dudas iniciales, el sueño se hizo posible: cada estado de Venezuela tendría al menos una orquesta. La música se convierte así en una herramienta de formación y no en un fin en sí misma.
Conservación de la cultura indígena
El Sistema se compone de 443 núcleos en todo el país, cada uno operando en función de su contexto geográfico. A través de un enfoque adaptado a cada región, se busca formar no solo músicos virtuosos, sino también mejores seres humanos. En un viaje a Canaima, al sureste de Venezuela, nuestro equipo pudo observar cómo la musicalidad de los niños pemones, con poco ruido exterior, se nutre del ambiente natural que los rodea.
Los 110 niños y adolescentes de la etnia pemón que participan en las actividades musicales cantan desde himnos nacionales hasta canciones en su idioma nativo. Esto contrasta con las críticas que ha recibido El Sistema por presuntamente dejar de lado la cultura local. Las tradiciones culturales encuentran un espacio en este notable programa.
Historias de superación
En Barquisimeto, Dayana, integrante del Coro de Manos Blancas, comparte su emocional experiencia musical. Tras enfrentar complicaciones de salud, su amor por la música le ha servido como una forma de liberación y terapia. De igual manera, Luisana, quien enfrentó un diagnóstico de tumor cerebral, atribuye su recuperación y bienestar a la música y la expresión artística.
Una parte fundamental de El Sistema es su programa de luthería, que proporciona mantenimiento y reparación de instrumentos. Fundado en 1982, este programa no solo apoya a los músicos, sino que también enseña a jóvenes estudiantes un oficio significativo. Cada año, se reparan aproximadamente 5.000 instrumentos utilizados en las orquestas.
El Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela es un poderoso ejemplo de cómo la música puede unir comunidades, preservar culturas y transformar vidas. Al fomentar valores como la disciplina, la solidaridad y la inclusión, El Sistema no solo prepara a los niños para ser grandes músicos, sino también para ser agentes de cambio en un futuro más sostenible y esperanzador para Venezuela. En un contexto donde la adversidad es constante, la música se erige como un faro de luz y un camino hacia un mañana mejor.

