Culminaron los JJ.OO. de Invierno de Milano-Cortina y, en unos tiempos tan convulsos como los que vivimos, es tan tentador como necesario hacer una lectura geopolítica de los mismos. Lectura que resulta bastante más 'caliente' de lo que podría imaginarse de una competición tan 'fría'.
Para empezar, comentemos un claro caso de "hagan lo que yo digo, no lo que yo hago", protagonizado por, cómo no, EE.UU. Y es que resulta que el hecho de que Eileen Gu, esquiadora nacida en EE.UU., pero de madre china, volviera a participar por China en estos juegos alborotó a más de uno en su país de nacimiento, siendo acusada de traidora o de títere del Partido Comunista chino por su elección.
Acusaciones que no dejan de resultar bastante peculiares viniendo de un país que ha hecho de la apropiación de atletas nacidos fuera de EE.UU. toda una costumbre. De hecho, en promedio histórico, aproximadamente uno de cada 20 atletas olímpicos estadounidenses no nacieron en ese país.
Lo que pasa es que, históricamente, se acostumbraron a que los extranjeros quisieran competir por ellos y no al revés. Una inversión de roles que tiene bastante que ver con su pérdida de hegemonía y por eso les duele tanto. Pero más les vale que se vayan acostumbrando, porque esto será cada vez más común.
Atletas rusos sí, pero Rusia no
En otro orden de ideas, como viene siendo costumbre desde 2022, a los competidores con pasaporte ruso o bielorruso apenas se les permitió participar bajo una serie de condiciones restrictivas que solo aplicaban para ellos.
Entre ellas, que compitieran como "atletas individuales neutrales", sin bandera ni mostrar los colores ni símbolos de sus países, que no hubieran manifestado públicamente apoyo a la operación militar especial rusa, que no estuvieran contratados en sus países por el Ejército o agencias de seguridad ni formasen parte de clubes deportivos asociados a ellos.
Las medallas que ganaron los rusos o bielorrusos compitiendo como "atletas individuales neutrales" no serán computadas por el Comité Olímpico Internacional ni incluidas en su medallero oficial
Estas limitaciones se extendieron también a su personal de apoyo, como entrenadores, asesores, fisioterapeutas, etc. Los equipos conformados por personas con pasaportes rusos o bielorrusos no pudieron participar bajo ninguna circunstancia, de modo que quedaron excluidos automáticamente de deportes como el curling y el hockey sobre hielo, y diversas disciplinas que incluyen versiones por pareja o grupos en forma de relevos, baile y otras modalidades.
Por si fuera poco, las medallas que ganasen estos "atletas individuales neutrales" no serán computadas por el Comité Olímpico Internacional ni incluidas en su medallero oficial.
Con todas estas restricciones, no sorprende demasiado que apenas 13 rusos y siete bielorrusos conformaran la presencia deportiva de esas naciones en Milano-Cortina. Tremendo contraste con anteriores ediciones de los juegos, en los que el promedio de cada delegación rusa fue de casi 200 participantes.
'Israel' con muy pocos israelíes
Quienes sí compitieron sin ningún tipo de limitaciones fueron los deportistas israelíes. Bueno, 'israelíes', porque su delegación estaba compuesta en un 66 % por personas nacidas lejos de lo que, según el propio discurso de Tel Aviv, es tierra milenaria y ancestralmente suya. En fin.
La entidad israelí lleva dos años cometiendo un genocidio y el COI dice que bueno, que hay que saber separar deporte y política
Eso no impidió que fueran abucheados por el público ya desde el primer día, que un narrador de la TV suiza se hiciera famoso detallando los crímenes israelíes en Gaza y cómo estos eran apoyados por el capitán israelí de 'bobsleigh' justamente mientras tenía lugar su participación en la competencia, o incluso que un vendedor de una tienda oficial de marketing de los Juegos le espetara "Free Palestine" a unos clientes israelíes con, valga la redundancia, aires de superioridad e impunidad.
Ya saben, Rusia fue expulsada de las competencias olímpicas en cuestión de minutos en febrero de 2022, pero la entidad israelí lleva dos años cometiendo un genocidio y el COI dice que bueno, que hay que saber separar deporte y política. Claro que sí, los que parecen no saber separarlos son ellos.
Ucranianos comportándose como israelíes
Otro tema por resaltar en lo sucedido en estas semanas de competencia tiene que ver con la educación infantil. Y es que cuanto más malcrías a un niño, más insoportable se vuelve y más pataletas protagoniza.
Me estoy refiriendo a la actitud de la delegación y autoridades deportivas y políticas ucranianas. Lo crean o no (y sospecho que la mayoría lo creerá), para Kiev, el Comité Olímpico Internacional es un organismo prorruso. No se rían, por favor, que ellos lo dijeron en serio y muy ofendidos.
Todo comenzó con el caso de un deportista ucraniano que decidió competir usando un casco con imágenes de colegas y compatriotas suyos fallecidos durante el conflicto armado con Rusia. El COI le dijo que las pistas donde se compite deben ser ajenas a cualquier tipo de manifestación política y le ofreció diversas opciones para dar el mensaje de su preferencia, como en sus redes sociales o en las ruedas de prensa, tras competir.
Los organismos deportivos internacionales no solo han impuesto condiciones inaceptables contra deportistas rusos y bielorrusos, sino que además han permitido y tolerado comportamientos antideportivos entre sus colegas ucranianos
Ante la negativa del deportista a competir sin ese casco, fue descalificado. El reglamento al respecto es tajante y, en esta ocasión (y no sabemos si sin que sirva de precedente), el COI sí lo aplicó sin mirar la bandera del protagonista.
La decisión del máximo organismo olímpico, pese a estar objetivamente ajustada a una ley a la vista de todos, disgustó a todas las esferas políticas, deportivas y hasta de redes sociales en Ucrania, con acusaciones de sometimiento a Moscú, complicidad con el Kremlin y favoritismo para Rusia.
En efecto: para el nafismo-zelenskismo, ahora resulta que el mismo COI que humilla a los atletas rusos con una serie de condiciones que no aplica a absolutamente más nadie, es prorruso.
Y esta escalofriante falta de contacto con la realidad es, en gran medida, responsabilidad de los mismos organismos deportivos internacionales que ahora reciben la furia de Kiev, ya que durante estos últimos cuatro años especialmente no solo han impuesto condiciones inaceptables contra deportistas rusos y bielorrusos, sino que además han permitido y tolerado comportamientos antideportivos entre sus colegas ucranianos, a los que hemos visto en todo este tiempo negándoles el saludo, bajándose del podio y demás, sin ninguna consecuencia contra sus acciones, que según qué disciplina, en algunos casos es punible.
Exactamente el mismo caso que les comentaba antes: cuanto más malcríes a un niño, se portará peor y peor con los años y terminará volviéndose en tu contra. En fin, ya el COI verá cómo se las arregla con las pataletas que alimentó irresponsablemente. Mal paga el malcriado a quien mal lo cría.
Como ven, pese a que, en teoría, los JJ.OO. y otras competiciones internacionales son un asunto exclusivamente deportivo, las propias autoridades que las regulan, debido a su incapacidad para resistir ciertas presiones de ciertos actores, sus dobles raseros de récord y sus correcciones a destiempo, provocan que se vuelvan un asunto profundamente geopolítico.
Este año se viene un Mundial de la FIFA y, dentro de dos, otra competición olímpica, en este caso veraniega. Y, de no cambiar mucho las cosas, no se extrañen que otra vez propicien un análisis similar a este.
El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de '¡Ahí les va!', escrito y dirigido por Mirko Casale


