Mientras Donald Trump y Xi Jinping abordaron ayer la inteligencia artificial, el comercio y la inestabilidad global, Europa volvió a verse relegada al papel de mera espectadora.
La dependencia de la UE de la tecnología y el armamento estadounidenses, junto con sus divisiones internas y la falta de grandes empresas tecnológicas propias, ha debilitado su capacidad de influencia en asuntos clave, desde Oriente Medio hasta las negociaciones sobre Ucrania.
Europa fuera de la mesa
Estar "en el menú" del encuentro geopolítico entre Xi y Trump representa un riesgo real para la UE, opina el columnista de Bloomberg Lionel Laurent. Entre las "dependencias peligrosas" del bloque menciona el gas estadounidense y un déficit comercial con China de unos 1.000 millones de euros (1.100 millones de dólares) diarios.
Según Laurent, nuevos acuerdos arancelarios entre Washington y Pekín podrían provocar que aún más productos chinos baratos lleguen al mercado europeo, donde la presión de las importaciones procedentes de China ya afecta a la industria.
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Europa también depende del material militar estadounidense y de grandes compañías tecnológicas del país norteamericano que controlan alrededor del 70 % del negocio de la computación en la nube en la región. Aunque Europa ha duplicado su gasto en defensa desde 2020, la brecha con EE.UU. y Asia se ha ampliado.
A ello se suma la dependencia de China: la UE obtiene cerca del 70 % de sus importaciones de tierras raras del gigante asiático. Antonio Barroso, de Bloomberg Economics, considera que una relación más estable entre Washington y Pekín y una eventual prolongación de la tregua comercial podrían dar a Xi más margen para presionar al bloque comunitario.
La opción canadiense
En este contexto, Laurent señala que una relación más estrecha con Canadá podría aliviar parte de la presión sobre Europa, gracias al acceso de Ottawa a importantes reservas de combustibles fósiles y minerales críticos. Sin embargo, advierte que el club de "potencias medias" al que aspira el primer ministro canadiense, Mark Carney, no constituye una solución definitiva.
Esta cooperación tampoco eliminaría la necesidad de que Bruselas acelere su toma de decisiones y refuerce su capacidad de actuación comercial. Además, funcionarios de la UE tienen previsto visitar China el próximo mes, una cita para la que será esencial que el bloque tenga claros sus objetivos. Quizá no queden muchas oportunidades para que Europa pase de estar "en el menú" a ocupar un lugar en la mesa.



