El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, puso a Europa en vilo cuando, a principios de este año, amenazó con hacerse "de una forma u otra" con el control de Groenlandia, territorio autónomo perteneciente a Dinamarca, e imponer aranceles a los países que desplegaron sus tropas en la isla como medida preventiva. A pesar de que descartó tomar el control por la vía militar y sus amenazas bajaron de tono tras anunciar un acuerdo con la OTAN, la batalla en línea apenas está comenzando, escribe Politico.
Como advierte la publicación, con una población de menos de 60.000 habitantes, la más mínima presencia de desinformación puede propagarse rápidamente en la isla ártica y afectar de forma significativa a la opinión pública.
Blanco de campañas
"Groenlandia es blanco de campañas de influencia de distintos tipos", aseguró al medio el ministro de Justicia de Dinamarca, Peter Hummelgaard. Según él, el propósito de tales campañas es "crear una división en la relación entre Dinamarca y Groenlandia".
De acuerdo a TjekDek, medio de comunicación danés encargado de verificar hechos en línea, durante el último año, la desinformación ha aumentado entre los groenlandeses. Para el editor en jefe de TjekDek, Thomas Hedin, si bien se ha registrado un aumento, la afluencia carece de una "campaña estructurada".
Como ejemplo, Hedin citó la idea de que EE.UU. podría comprar Groenlandia, mensaje que ha sido repetido por el presidente Trump en distintas ocasiones, pero que es imposible según la Constitución de Dinamarca.

Además, el hecho de que el territorio no forma parte de la Unión Europea (UE) significa que la Ley de Servicios Digitales del bloque, bajo la cual las plataformas están obligadas a considerar y mitigar las amenazas de desinformación al discurso cívico, no se aplica en la isla.
Ante esta situación, para el legislador alemán Serguéi Lagodinski, para quien las redes sociales estadounidenses suponen una amenaza, Bruselas necesita prepararse para un "nuevo tipo de confrontación híbrida" en torno a Groenlandia.

Campo fértil para la desinformación
Signe Ravn-Hojgaard, CEO del 'think tank' Digital Infrastructure, señala que Groenlandia es particularmente propensa a la desinformación.
Ravn-Hojgaard explica que, con una población del tamaño de un municipio de Bruselas, las noticias viajan rápido entre los groenlandeses, quienes, en su mayoría, se fían de Facebook, propiedad de Meta*.

Aunado a lo anterior, hay pocos medios de comunicación que puedan refutar información falsa, por lo que es fácil esparcir 'fake news' a toda la población con solo un par de publicaciones compartidas.
Posible contrataque europeo
Mientras funcionarios groenlandeses han instado a los ciudadanos a "mantenerse unidos" en las plataformas sociales ante las amenazas de Washington, otras voces han sugerido que las medidas a tomarse deben ser legales.
Varios legisladores consideran que la UE debería de hacer cumplir la Ley de Servicios Digitales en Groenlandia para asegurarse de que los algoritmos respeten las elecciones de los usuarios en lugar de "actuar en interés de los mismos oligarcas tecnológicos que están invirtiendo en los minerales de Groenlandia".
Lagodinski opina que el bloque comunitario debería establecer un "grupo de expertos 'ad hoc' explícitamente centrado en Groenlandia" en donde antes de las elecciones del territorio en 2025, se registraron anuncios pagados en Facebook que no estaban disponibles en la base de datos de transparencia de la plataforma, aspecto que sí se cumple en la UE.
En esta línea, sugirió que Bruselas también debería aumentar el apoyo a las redes de verificación de hechos y a las organizaciones de la sociedad civil.
No obstante, cabe destacar que la Comisión Europea no ha concluido ninguna de las investigaciones sobre los riesgos para las elecciones europeas y el discurso cívico que tiene abiertas en contra de Facebook, Instagram, TikTok y X.

*Calificada en Rusia como organización extremista, cuyas redes sociales están prohibidas en su territorio.
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